Narrado por Fatima Hneidi:
Me despierto con la luz del sol tocándome el rostro, pero esta vez no tiene ese efecto cálido que suelen tener las mañanas felices, las cuales conocí a profundidades solo en los brazos de Mariano. Abro los ojos en una habitación que huele a café recién hecho, a sábanas suaves, a la que ahora empiezo a reconocer como felicidad temporal. Estoy en la casa que Mariano compró para mí. Sigo aquí. La casa donde me convertí en su mujer. Donde me entregué completamente. Donde