Narrado por Fátima Hneidi:
El aire en la habitación continúa siendo espeso, como si la angustia se hubiera condensado en cada rincón.
Me dificulta respirar con naturalidad, cada bocanada que tomo sabe a miedo. Sabe a incertidumbre.
Estoy sentada en el colchón que han colocado en el suelo, porque lo he suplicado, con el tobillo aprisionado por el grillete que me recuerda, segundo a segundo, que no soy libre. Afuera, los pasos de los guardias resuenan con monotonía. Vigilan. Siempre vigilan. C