El silencio de la suite ejecutiva a la mañana siguiente era tan cortante como el cristal.
Cuando entré al piso cuarenta a las ocho en punto, el panel transparente que conectaba mi despacho con el de Carter estaba completamente oscurecido.
El interruptor unidireccional estaba activado desde su lado, convirtiendo la pared en un espejo negro que solo me devolvía mi propio reflejo cansado.
Caminé hacia la puerta interconectada de madera y giré el picaporte.
No se movió.
Estaba cerrada con llave