La orden de partir hacia Ohio llegó apenas tres horas después de que el FBI abandonara mi departamento.
Carter no me dio opción.
Tampoco me permitió cambiarme de ropa; tuve que regresar a la suite ejecutiva con el mismo traje sastre que llevaba puesto, recoger mi maleta de mano y subir al auto negro que nos condujo directamente al aeropuerto privado de Teterboro.
El jet de la corporación esperaba en la pista con las turbinas emitiendo un zumbido bajo y constante.
El fuselaje blanco y el logo