El teléfono se deslizó de mi mano, impactando contra la alfombra con un golpe sordo que cortó la voz de Carter.
La línea se quedó en silencio, pero el eco de sus palabras seguía flotando en la penumbra de mi apartamento de Notting Hill, mezclándose con el zumbido constante de la llovizna exterior.
Me quedé estática en medio de la sala, sentada en el suelo con la espalda apoyada contra el sofá gris.
Analía se había quedado dormida sobre mi pecho, ajena al colapso absoluto de mi mundo, arrulla