El repunte de las acciones en las pantallas de Wall Street y la confesión televisada de Carter no cambiaron las leyes de la biología.
Yo no era una cifra que pudiera ser trasladada de un continente a otro con solo presionar una tecla de ejecución.
Mi cuerpo todavía se estaba recuperando del desgarro físico del parto; mis piernas temblaban al levantarme de la cama y cada latido en mi vientre era un recordatorio de que Analía apenas tenía diez días de vida en este mundo.
El médico de la clínic