Mundo ficciónIniciar sesiónPor un instante dudó en avanzar. Creyó que ya se habría ido a la oficina, que tendría reuniones, llamadas, cualquier excusa para no compartir siquiera el mismo aire. Pero no.
Ahí estaba. Impecable, tranquilo, como si nada hubiera pasado.
Isabella respiró hondo, obligándose a mantener la compostura.
—Buenos días —murmuró, intentando que su voz sonara natural.
Él levantó la mirada solo un segundo y asintió con frialdad, como si responderle fuera un gesto de cortesía innecesario. Luego volvió a esconderse detrás del periódico.
Ella tomó asiento frente a él. La mesa parecía más larga de lo habitual; cada metro entre ambos pesaba. El sonido de los cubiertos chocando con la porcelana llenó el silencio, un ruido mecánico que contrastaba con la tensión invisible que los envolvía.







