Al otro lado de la línea, se escuchó el chasquido de lengua de Enzo, cargado de una irritación que traspasaba la señal. —Baja tus humos, Salazar. No llamo por eso, aunque me muero de ganas de saber cómo está ella. Llamo porque tengo información real del maldito acosador.
Dereck se enderezó en su silla, sus ojos clavándose en Rodrigo, quien estaba de pie junto a la ventana. —¿Cómo diablos conseguiste información tú antes que mi propio equipo? —preguntó con voz tensa.
—Porque Rodrigo me envió la