Isabella no respondió. Su cabeza cayó pesadamente sobre la mesa, derribando el vaso de agua que se derramó sobre el mantel blanco. Valeria, tambaleándose, estiró una mano para sostenerse del respaldo de una silla, pero sus dedos no obedecieron. Cayó de rodillas, el impacto contra el mármol enviando una descarga de dolor que, por un segundo, le devolvió un destel