Aimée
La casa se durmió. Las puertas se cerraron. Las risas se apagaron. El silencio se apoderó de nuevo del lugar. Y yo, me quedé en mi cama. Vestida. Desnuda bajo mi vestido. Mi respiración tranquila. Controlada. Como una ofrenda. Como una amenaza.
No sabía si vendría. Si cruzaría esa distancia, esta vez. Si probaría que no era solo un capricho, un desliz. Un fracaso.
Luego, a medianoche, oí un susurro en el pasillo.
Un aliento contra mi puerta.
Una palabra, deslizada por debajo de la rendija