Gabriel
La sigo, no muy cerca, no muy lejos. Se esfuerza por caminar recta, la carpeta apretada contra su pecho como un frágil escudo, pero sus dedos tiemblan, y yo aún ardo con el beso que me devolvió a pesar de ella.
En el vestíbulo del tribunal, el aire huele a papel húmedo, a sudor contenido, a justicia en tránsito. Pasan siluetas, apresuradas, indiferentes o quizás no. Tengo la sensación de que todos saben. Cada mirada que se levanta es un guillotina invisible. Colegas, secretarias, magist