Gabriel
Ella iba rápido. Demasiado rápido. Como si cada paso adicional pudiera borrar la confesión silenciosa que se había deslizado entre nosotros en la sala de audiencias. Pero conocía ese ritmo, no era una huida verdadera, era una provocación. El paso nervioso, demasiado seco, demasiado marcado. El tipo de andar que espera una mano en el hombro para detenerse.
El pasillo vibraba con una agitación banal: tacones que golpean, carpetas que chocan, voces ahogadas por las puertas cerradas. Pero p