ÉLISE
El ruido metálico de los martillos resuena como una percusión sorda en el aire, marcado por el zumbido de las máquinas. El olor de cemento fresco, de madera cortada y de polvo se mezcla con el aroma metálico del metal calentado por el sol. La obra es vasta, viva. Siluetas se afanan por todas partes, cascos amarillos y azules contrastando con las paredes desnudas. Pero, en medio de este caos organizado, mi mirada se ve atrapada por una sola presencia.
Marcus.
Él está allí, erguido, imponent