Le entregué el recibo a Nicholas, quien tenía cara de te voy a coger tan duro que no podrás moverte en años.
Ese juego lo ganaría yo, así que nuevamente le dije:
—La vuelta, Nicholas, tengo que solucionar el problema de lo que está mojado en mí. Estoy desnuda y no quiero que me veas.
—¿A qué estás jugando? —preguntó, levantándose de la cama y dejando frente a mí la mejor vista que una mujer podría tener. Su pene estaba duro y grande, estaba tan excitada y mojada que solo quería montarme sobre