La misma mujer pesadilla estaba parada en frente de nosotros junto a su compañero de trabajo. Nos entregó un papel y sin preámbulos nos dijo:
—Tengo la orden, ¿llama usted a su abogado o lo hago yo?
—No es necesario, pasen —dijo, Nicholas, mientras se acomodaba la bata.
La policía entró junto a su acompañante y quedó paralizada con lo que estaba viendo. No podía creer que estaba metida en medio de una fiesta sexual. Su cara era un chiste. De inmediato Nicholas aprovechó de decirle en tono de br