El viaje había sido muy bueno, tuve que firmarle autógrafos y sacarme fotografías con casi todo el avión, por lo menos la alegría de la gente me distrajo y me sacó más de una sonrisa.
Llegué a casa, abrí la puerta y saludé a todos los que estaban, quienes me saludaron como si nada pasara.
Me fui a la que era nuestra habitación y escuché la ducha. Miré por la puerta silenciosamente y ahí estaba el hombre más sexi del mundo.
Tenía millones de problemas, pero lo que estaba viendo hacía que se me