Vi en ella una determinación y una fuerza de voluntad que no tenía cuando la traje por primera vez a la casa. No sé qué la hizo cambiar de opinión mientras estaba afuera, pero aquella pequeña separación parecía haberle servido.
—Comencemos con las disculpas, el beneficio y el desayuno —ofrecí con tono ligero—, y luego continuaremos.
—¿Y cuál es exactamente el beneficio? —preguntó con cautela.
—Me gustaría sentir cómo tus labios abollan mis mejillas —respondí con una sonrisa pícara—. Tienen u