Nos quedamos así, yo abrazándolo sin querer, mientras él descansaba su cabeza justo sobre mi pecho. Era incómodo… y extraño. Su respiración se volvió lenta, y antes de que pudiera decir algo más, comenzó a roncar suavemente, con sus manos aún aferradas a mi cintura.
—¿Damián?... ¿Damián? —susurré, pero no hubo respuesta. Solo sus ronquidos tranquilos.
Por un momento pensé en apartarlo, pero al final decidí esperar a que estuviera profundamente dormido.
Nunca había estado tan cerca de un homb