Traté de objetar, pero me dijo que nunca cruzaría la línea y que siempre era consciente de sus límites.
Intenté averiguar a qué se refería, pero ya estaba duro contra mi cuerpo. Me quedé inmóvil, esperando que aquella hermosa pesadilla terminara.
No tenía ninguna obligación de dejarle hacerlo, pero sospechaba que, en el momento en que lo soltara, su salud volvería a deteriorarse.
Sí, fui una tonta y caí en cada trampa que me tendió.
O tal vez… disfruté cada una de esas trampas.
Y lo peor