—Va a tomarme tiempo aceptar que embarazó a mi esposa e intentó hacer pasar al niño por mío… así que le pedí que te dejara en paz —concluyó.
Cerré la boca de inmediato, sin saber qué decir. Lo castré y, aun así, seguía hablándome. Me aclaré la garganta dos veces; se dio cuenta de que estaba luchando por dejar salir las palabras, pero optó por no acudir a mi rescate. Quería que las dijera y que las sintiera.
—Siento lo que te hice, Julian —logré decir al fin, con dificultad.
Él continuó jugando