Me quedé congelado un minuto, mirándola fijamente mientras ella desviaba la vista.
—Pequeña bastarda caliente —murmuré, haciéndole cosquillas hasta que estalló en risa.
Nos despedimos del bebé y estábamos por dirigirnos a mi habitación cuando se acercó una mujer muy bien vestida. Podría jurar que la había visto en alguna película porno… o que quizá me había acostado con ella antes.
—Hola, señorita Moreau, soy Kim, la abogada del señor Hawthorne. ¿Podemos hablar en algún lugar privado? —pregu