—Bueno, ahora ya sabes que no soy tonta —respondí—. Después de todo, tengo células cerebrales —añadí, riendo.
Sonrió.
—Sabes que si esta máquina tuya funciona, cambiará las reglas del juego en el mundo del cáncer. Serías obscenamente rica… más rica que yo, que Mandel y que Gentex juntos.
Me reí por lo bajo y le pedí que se callara. Necesitaba su respuesta.
—No seré rica si tú no eres voluntario —le señalé.
Se giró hacia mí y me preguntó si recordaba la promesa que le había hecho. Mi m