Encajaba perfectamente. Cada efecto secundario que había sufrido o que estaba experimentando coincidía punto por punto.
Pero el médico me hizo pruebas, pensé… hasta que recordé que mi padre era perfectamente capaz de pagar a un médico.
Entonces volvió a mi mente lo extraño que se había comportado aquel doctor en Canadá. De hecho, tanto mi padre como Fiona se comportaron de forma rara desde el principio. Todos estaban nerviosos… y yo fui demasiado estúpido para notarlo.
Pero nada tenía sentido.