Cris y yo dejamos el hospital el día despues del parto. Volvimos a casa llevando a mi bebé en brazos y felices. Los vecinos nos recibierón emociónados y esperando conocer a "nuestra" hija. Teniamos solo poco tiempo allí, pero ya habíamos hecho amigos que nos apoyaban.
—Wow, es preciosa —me dijo mi vecina más cercana, Amelia, una mujer madura.
Cargó a mi hija y me ayudó a llevarla a casa, mientras Cris aceptaba los regalos de los otros vecinos e iba por algo para celebrar. Amelia colocó a la beb