Luna
El atardecer se derramaba como oro líquido a través de los ventanales del despacho de Leonardo. Luna permanecía de pie, con la carpeta apretada contra su pecho como un escudo, observando cómo él revisaba documentos con esa concentración absoluta que lo caracterizaba. Había ensayado mentalmente este momento durante horas, pero ahora que estaba frente a él, las palabras se atascaban en su garganta.
—¿Vas a quedarte ahí parada toda la tarde? —preguntó Leonardo sin levantar la vista de sus pap