Mateo
Siempre he sido el hermano que lee la letra pequeña. Desde niños, cuando Leo firmaba cualquier cosa sin mirar y Luna se dejaba llevar por sus emociones, yo era quien revisaba los detalles. Papá solía decirme que tenía alma de abogado, aunque terminé siendo chef. Quizás debí hacerle caso.
El despacho de Leonardo era imponente, como todo en esta mansión. Madera oscura, libros que probablemente costaban más que mi coche, y ese silencio sepulcral que parecía absorber cualquier sonido. Había e