—¡L'amour de ma vie est arrivé! —exclamó Auguste contento al ver a Liana bajar de la limusina.
No la veía desde hace semanas y la había extrañado mucho. Incluso sus estúpidos y con poco cerebro de sus asesores intentaron mantenerlo en la ciudad en el otro lado del país porque no querían dejara sus deberes. Pero Auguste no iba dejar que su mate estuviera en el mismo país sin él a su lado.
Liana se iluminó y se lanzó a los brazos de su amado. Al alfa francés le importó poco que sus padres y famil