—Te pones delante de mí después de abrir el cráter —hablo Gabriela—, es posible que entre en labor de parto ahí mismo o me muera, no lo sé.
—No se preocupe mi señora —Gunnar asintió—, la protegeré con mi vida.
Gabriela suspiro, se alzó en vuelo lo más alto que pudo. Sabía que en cualquier momento le lanzarían otra bola de fuego y debía actuar rápido porque el demonio ya debería estar sanándose y podría ir por ella para vengarse.
Llegó a la cúspide de la cúpula y se lanzó como un rayo hacia el s