97. CONTINUACIÓN

Isis comienza a cambiar el color de sus ojos; ahora están dorados. La energía se convierte en blanca y suspiré aliviado al ver cómo se calma.  

—Porque no sabía cómo salvarte. Te habías ido con la idea de que no te amaba; quería decirte que sí, que yo te amaba. Me levanté en la madrugada, te abracé en tu cuerpo de loba, pero le dije a la humana Isis que regresara, que yo también la amaba &mdash
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