31. EL PERDÓN
Él se sienta a mi lado, despacio, tan cerca que puedo sentir el calor emanando de su cuerpo. No me toca, pero la proximidad es suficiente para que mi corazón lata más rápido. Respiro hondo, tratando de calmarme, pero esa sensación de conexión sigue ahí, tan fuerte como un sello que une dos almas en un pacto irrompible.
—¿Qué quieres decir, mi Luna? Todos somos uno —pregunta con una voz apenas audible, como temiendo la respuesta.
—No, mi Alfa. Jacking y Mat son los que me engañaron. Tú no —a