Mundo ficciónIniciar sesiónAbrí los ojos y los vi a todos suspirando con esperanza. Bennu seguía firme, pero su rostro había perdido algo de dureza. Horacio tenía los ojos iluminados y llenos de felicidad. Y allí, en ese momento, entendí que no podía seguir paralizado. Fue entonces cuando escuché al delta sugerir:
—¿Por qué no le dices a la Luna que le ordene que se deje marcar? Con el conjuro de sumisión lo permitirá.






