Mundo ficciónIniciar sesiónTodas nos pusimos de pie, pero tuvimos que cruzar un puente colgante que estaba rodeado de plantas que formaban un túnel.
—¡Yo por ahí, ahora con el miedo que me metieron ustedes, no voy a salir! —dice Antoni, asustada. En ese instante, un movimiento sutil pero innegable llamó nuestra atención. Las enormes dionaeas se movían, pero no de una manera natural; no era el vaivén casual de las plantas ante el viento.






