14. UN PERVERTIDO EN MI CUARTO
BLAIR
Algo se retorció en mi pecho.
Casi sentí la necesidad de aullar.
Era como si estuviese llamando a mi parte más primitiva, a la loba que nunca apareció.
Me levanté y me incliné sobre la baranda; el viento azotaba mi cabello negro.
No podía dejar de mirarlo. Era hermoso.
Se veía tan poderoso, indomable.
La brisa me trajo su olor embriagante y, por primera vez, se sentía liberado, sin reprimirse, sin ataduras…
Café puro cargado con ron aromático y canela… así lo percibía mi nariz.
Amargo y d