09. MI ODIOSO HÍBRIDO
BLAIR
Corrí sin rumbo, ni siquiera conocía estas tierras.
Metida dentro de una arboleda, me recosté a un pino.
Mi espalda se fue rodando, sintiendo el dolor de la corteza arañando mi piel, hasta caer sentada.
No quería llorar, pero cuando las lágrimas reprimidas comenzaban a rodar, era difícil detenerlas.
Me llevé las manos a la cara, sintiendo cómo los hombros se movían sin control; todo el cuerpo me temblaba.
Los sollozos roncos parecían los de una bestia herida.
Me destrozaba el labio inferi