Camila echó para atrás su cabeza, y colocó una de sus torneadas piernas sobre los hombros de él. Jadeó al sentir la forma en la que William atendía su petición. Sujetando su espesa cabellera entre sus dedos.
—No te detengas —suplicó agitada.
Las grandes manos de él, presionaron sobre sus caderas, disfrutando del sabor salado de su femineidad, cada gemir de Camila emitía, lo hacía desearla ver que explorara.
La respiración de ella se entrecortó, y dio varios gimoteos, al sentir como su cuerpo s