Lucía ingresó lo antes posible a la cafetería, que le había enviado la ubicación a William. Después de haberse ido a duchar a la casa de una amiga, con la que solía dejar un cambio de ropa.
Bebía una taza de té de frutos rojos, sintiendo que su corazón latía agitado. Pasó saliva con dificultad, al ver ingresar a William.
— ¿Cómo estás? —indagó con curiosidad.
—Bien, te estaba esperando —explicó la chica.
William solicitó una bebida y miró a los ojos a Lucía.
—Luces extraña, ¿estás segura q