CAPÍTULO 12. LUCHARÉ POR TI
William frunció el ceño con extrañeza, y se quedó pensativo.
— ¿Por qué lo dices? —preguntó con curiosidad, deseando escuchar su teoría.
Guillermo se aclaró la garganta, sin poder dejar de ver la hermosa mirada color azul de Ivy, a través de su móvil.
—Si mal no recuerdo esa muchacha, aceptó rentar su vientre, porque tenía…, un familiar enfermo, ¿qué sabes de eso?
Se sentó sobre la comodidad de un hermoso sillón reposet, en el cual se imaginaba por las noches con su hija, leyéndole un cuento.
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