El corazón de Camila, palpitó con gran fuerza ante aquella pregunta que le hizo, arrugó la frente y entonces un fuerte golpe de indignación, la recorrió.
— ¿Qué yo…, qué? —preguntó con asombro. — ¡¿Cómo se atreve a sugerir que yo le robé a su hija?! Ustedes, los de la clase alta, son de lo peor —gruñó—, basta con que tengan dinero para creer que pueden hacer con los demás, lo que se les da la gana —espetó con molestia.
William abrió los ojos de par en par, sorprendido al escuchar la forma en la