George ladeó los labios sonriente.
—Yo —respondió con tranquilidad—, no esperaba encontrarte aquí —respondió. — ¿Te encuentras bien? —indagó sujetándola por los hombros—, parece que llevas mucha prisa —expresó.
—Sí, necesito ir a recoger unas cosas —mencionó y tomó distancia de él—. Te veo después —dijo girando con rapidez.
— ¿Acaso Henry no te dijo que no debes andar sola? —cuestionó alcanzando.
— ¿Quién te dijo que estoy sola? —respondió ladeando los labios sonriente.
George frunció el ceño a