CAPÍTULO 102. NO ME TEMBLARÁ LA MANO
Henry sacudió su rostro, la miró a los ojos y se quedó pensativo, antes de hablar, la llevó hasta su vehículo y la acomodó con delicadeza, abrochando su cinturón de seguridad. En cuanto arrancó el motor, se alejó con rapidez.
—Dime qué fue lo que ocurrió, necesito comprenderlo.
—Alguien estaba espiandome, cuando me duchaba, logré ver por debajo de la puerta unas botas, distinguí por un orificio de la puerta que me veían. —Se abrazó a sí misma sintiendo un fuerte escalofrío recorrerla, de pron