La suite tenía una sola cama.
Valentina lo comprobó con la misma expresión que habría puesto ante un balance contable con una cifra equivocada: sin dramatismo, con la serenidad calculada de quien sabe que el pánico es un lujo que no puede permitirse. Recorrió el perímetro de la habitación con la mirada —ventanal al mar, sofá de dos plazas claramente decorativo, mesa de trabajo, armario, cama king size de blancura impecable— y llegó a la conclusión de que el universo, en efecto, tenía sentido de