El vuelo de regreso a Ciudad de México duró dos horas y dieciséis minutos, tiempo suficiente para que Valentina repasara mentalmente cada error de los últimos cuatro días, ordenara sus prioridades profesionales en tres categorías de urgencia, y fingiera dormir durante cuarenta minutos para no tener que hablar con Andrés, que estaba sentado a treinta centímetros de ella con la concentración de alguien que está leyendo documentos importantes y la actitud de alguien que sabe perfectamente que ella