Valentina tenía una teoría sobre las revelaciones importantes: siempre llegaban en los momentos en que uno menos tenía acceso a algo contundente con qué golpear a alguien.
No era violenta, en términos generales. Pero era práctica.
Andrés seguía de pie junto a la ventana, con la misma postura calculada de quien ha ensayado esta conversación en su cabeza suficientes veces como para saber exactamente cuánto espacio necesita entre él y la persona que va a recibir la noticia. Las cicatrices en su es