El ferry privado de Castellanos no tenía nombre visible en el casco, detalle que Valentina anotó mentalmente con la misma precisión con que anotaba las irregularidades contables: sin alarma, sin juicio, simplemente como dato que podría volverse relevante más tarde. Era una embarcación elegante, de líneas bajas y blancas, del tipo que no grita dinero sino que lo murmura en un idioma que solo entienden quienes también lo tienen.
Andrés subió primero y le ofreció la mano desde el muelle.
Valentina