CAPÍTULO 27 — El rostro detrás del nombre
Era de noche, y las sirenas seguían sonando como un eco lejano del desastre. Los paramédicos se movían rápido, cubiertos de sudor y tierra. Uno de ellos, al alumbrar con su linterna, gritó:
— ¡Aquí hay alguien! ¡Está con vida!
El hombre yacía entre vigas torcidas y bloques de concreto. Su rostro estaba tan hinchado que resultaba irreconocible. Tenía el pulso débil, pero seguía latiendo. No llevaba documentos, ni billetera, ni anillos, nada que pudiera r