CAPÍTULO 196 — La estocada de Bárbara
Gabriel Fuentes caminaba de un lado a otro de su despacho como un león enjaulado. Su camisa blanca, impecable por la mañana, ahora tenía las mangas arremangadas y el cuello desabotonado. Se pasó una mano por el cabello, desordenándolo aún más, mientras leía la tercera carta documento que había llegado en menos de cuatro horas.
La puerta se abrió de golpe y Valentino entró. Su rostro, generalmente sereno, estaba pálido y tenso.
— ¿Qué es todo esto, Valentino