Mundo ficciónIniciar sesiónHabían pasado tres meses desde el bautismo del amado Fabrizio.
Isabella soltó un gemido que era mitad frustración y mitad dolor físico.Se agarró del borde del escritorio y empujó su silla hacia atrás.
— Fátima, te lo juro, no puedo más —se quejó Isabella, echando la cabeza hacia atrás—. Y sé que todavía me falta lo peor, los dos últimos meses, pero siento que voy a explotar.
Fátima, que estaba revisando unas muestras de lino en la mesa de corte, levantó la vista y sonrió con compasión.







