CAPÍTULO 180 — La armadura de seda y oro
En las oficinas de Fuentes Moda, el ritmo era frenético pero controlado.Isabella y Fátima revisaban los últimos percheros destinados al jurado y a la conductora para la grabación del último programa del reality show.
Isabella pasó la mano por una tela de seda fría, un vestido color esmeralda destinado a Bárbara Greco. Lo alisó con cuidado, verificando que no hubiera ni una sola arruga, ni un hilo suelto.
— Es perfecto —murmuró Isabella, con una objetividad profesional que a Fátima a veces le asustaba.
Fátima, que sostenía la funda del vestido, la miró con el ceño fruncido.
— Tienes un estómago de acero, Isa. Después de todo lo que esa mujer te ha hecho, después de que intentó robarte la inversión y destruir tu matrimonio, todavía te aseguras de que luzca impecable. Yo le hubiera dejado un alfiler escondido en el dobladillo.
Isabella sonrió levemente, negando con la cabeza mientras ajustaba la etiqueta de la marca.
— Eso nos rebajaría a su nivel