CAPÍTULO 167 — La trampa de la imagen perfecta
Ángel Mendoza irrumpió en los estudios de grabación llevándose por delante a un asistente de sonido que tuvo la mala fortuna de cruzarse en su camino. Su rostro, habitualmente compuesto por una máscara de simpatía comercial, estaba rojo de ira. La vena de su sien latía con fuerza, marcando el ritmo de su frustración.
No contaba con esa negativa. No contaba con que Isabella Fuentes tuviera el coraje —o la estupidez, según su criterio misógino— de r