Inicio / Fantasía / TE AMO ALFA / CAPITULO 03: PRECIO ALTO
CAPITULO 03: PRECIO ALTO

El segundo día de actividades transcurría con relativa normalidad. Aunque, tratándose de un grupo de jóvenes, siempre había uno que otro que hacía bromas creyéndose el más listo.

Al mediodía todos se reunieron para almorzar y descansar un momento antes de retomar las actividades.

—Camila, yo te envié el reporte de mi equipo, pero la encargada de la universidad acaba de llamarme para preguntarme por qué no lo entregué.

Luz, una alfa conocida por su actitud arrogante, se acercó visiblemente molesta. La mañana ya había sido complicada y aquella llamada solo había empeorado su humor.

—Luz, sí envié los reportes de todos los que me los hicieron llegar hasta las siete de la mañana —enfatizó la última frase para recordarle cuál era la hora límite de entrega. Sospechaba que la alfa lo había enviado tarde—. Déjame revisar. Tal vez, por algún error, no envié el tuyo. ¿A qué hora me lo mandaste?

Camila respondió con calma. Ni ella ni su loba se dejaban intimidar por el fuerte aroma a molestia que desprendía la alfa.

—Ja, ja, ja... Lo envié antes de comenzar las actividades de esta mañana.

El tono burlón de Luz terminó por agotar la paciencia de Camila. Sabía perfectamente que lo había enviado fuera del horario establecido.

—Luz, ayer fui muy clara. Los reportes se recibían únicamente hasta las siete de la mañana. Eso ya está fuera de mi alcance. Puedes hablar con la encargada y explicarle el motivo de tu retraso. Yo ya no tengo nada que ver con ese asunto.

—¡Estás loca! —gritó, acercándose demasiado a ella.

—¿Perdón?

La paciencia de Camila también comenzaba a agotarse.

—Omega tonta. Tú eres la responsable de entregar esos reportes. ¿Por qué tendría que ir a justificar algo que es culpa tuya?

Su lobo empezaba a perder el control, olvidando incluso el lugar donde se encontraba.

Camila sonrió con tranquilidad.

—A ver, alfa tonta...

Respondió utilizando exactamente el mismo tono.

—Explícame qué parte de tu irresponsabilidad es culpa mía. Les avisé a todos cuál era la hora límite para entregar los reportes. Mi responsabilidad es enviarlos a la encargada de la universidad y al señor Lison, no hacer el trabajo que te corresponde a ti.

Su voz se elevó apenas un poco. Le irritaba la actitud necia de la alfa.

—Solo digo que no pienso justificar algo como eso. Los grupos de la empresa Center recién a esta hora están entregando los reportes de ayer. ¿Por qué tanta prisa, omega? ¿Será que quieres quedar bien con el alfa Lison?

La intención detrás de aquellas palabras era evidente.

Camila soltó una risa.

—Ja... Ja... Ja... Se me había olvidado que debía quedar bien con el alfa Lison.

Una sonrisa casi maquiavélica apareció en su rostro.

—Camila... —murmuró Eduardo.

Conocía demasiado bien a su amiga. Sabía que su paciencia acababa de llegar al límite.

Camila dirigió la mirada a todos los coordinadores.

—Escúchenme bien. Les di más tiempo del que realmente tenía disponible. Se me informó que los reportes debían entregarse, como máximo, a las ocho de la noche del mismo día. Por lo tanto, a partir de hoy esa será la hora límite. Quiero que todos los coordinadores que pertenecen a la empresa Diseños Lison me entreguen sus reportes antes de las ocho de la noche.

Hizo una breve pausa.

—Ahora sí, disfruten su almuerzo.

—¡Luz! —protestaron varios coordinadores al mismo tiempo.

Ya estaban agotados por las actividades y la idea de tener que preparar los reportes esa misma noche les parecía demasiado pesada.

—Camila... es una broma, ¿verdad? —preguntó Luz, todavía más alterada que cuando había llegado.

Todos comenzaron a mirarla con evidente molestia.

—No. Tú misma dijiste que quería complacer al alfa Lison. Si eso es lo que piensas, entonces así será.

Camila se encogió de hombros con total indiferencia.

—Ahora sí puedes decir que lo estoy complaciendo.

El sarcasmo en su voz era imposible de ocultar.

—Camila, lo que estás diciendo es ridículo. Los grupos de la otra empresa tienen más tiempo.

Aunque seguía intentando convencerla de cambiar de opinión, en el fondo Luz sabía que aquella discusión estaba perdida.

—Luz, si lo deseas, puedes ir con la empresa Center. Estoy segura de que algún grupo querrá cambiar con el tuyo. A mí me dieron indicaciones específicas, pero pensé que todos estarían cansados y por eso decidí darles más tiempo. Al final no sirvió de nada, porque igual fueron irresponsables.

Respondió sin siquiera voltear a verla.

Unos segundos después soltó un largo suspiro.

—Lo que dije no va a cambiar. Si desean reclamar, pueden hablar con la encargada de la universidad. Ella me indicará si habrá algún cambio.

Luz comprendió que no conseguiría nada y terminó por retirarse.

En ese momento, el celular de Camila vibró.

«¿Por qué quieres complacer al señor Lison?»

Era el mismo número que le había escrito el día anterior.

Como todavía seguía molesta, respondió únicamente con un emoji de una cara enfadada.

Segundos después llegó otro mensaje.

«Ja, ja, ja... ¿Ya no estás molesta?»

Camila leyó el mensaje sin responder. Guardó el celular y se dispuso a almorzar, aunque ya había perdido el apetito. La discusión con Luz le había arruinado el resto del día.

—Camila... ¿Hablas en serio? —preguntó Eduardo, todavía confundido.

—Muy en serio. Más te vale entregar tu reporte a tiempo. Si no, llamaré a la princesa. Ella no va a tenerte ninguna consideración.

Lo dijo con tanta seriedad que Eduardo decidió no insistir.

Solo puso una expresión de cachorro regañado.

En ese momento, la secretaria del alfa Lison se acercó.

—Omega Usuri, el señor Lison desea verla después del almuerzo.

—Enseguida voy.

Camila soltó un pequeño suspiro.

—De todas formas, ya se me quitó el hambre.

Lo que realmente la había molestado no era la discusión con Luz, sino que la relacionaran con alguien con quien, no tenía absolutamente nada.

Camila llamó suavemente a la puerta del despacho.

—Señor Lison, ¿me buscaba?

—¿"Señor"? —preguntó León con evidente confusión.

A su lobo no le agradó aquel cambio de trato.

—Es mejor así, señor. No quiero dar motivos para que la gente empiece a mencionar mi nombre junto al suyo.

—¿Ocurrió algo, señorita Usuri?

La actitud distante de Camila no le gustó en absoluto. En realidad, la había mandado llamar con la excusa del incidente durante el almuerzo, pero lo que más quería era volver a verla sonreír y disfrutar del dulce aroma que desprendía la omega.

En cambio, lo único que percibía era irritación.

—No ocurrió nada, señor. Su secretaria me dijo que quería hablar conmigo.

—Sí... pero antes quiero que sonría.

Camila lo miró con incredulidad.

No estaba de humor y el alfa salía con semejante petición.

—¿Y qué tiene que ver mi sonrisa con todo esto? —preguntó con un evidente reproche.

Su aroma se volvió todavía más ácido.

—Verá, señorita. Nunca es bueno tomar decisiones cuando uno está enfadado. Y su expresión me dice que está molesta por algo.

Camila mostró los dientes en una sonrisa completamente forzada.

—¿Así está bien, señor?

León negó con una pequeña risa y se puso de pie.

—Señorita, ya le dije que no soy tan viejo. Y esa sonrisa tiene que salir del alma.

Camila resopló con discreción, pero esta vez sonrió de verdad.

—Así está mucho mejor.

Él le devolvió la sonrisa antes de continuar.

—Ahora sí, vayamos al motivo por el que la hice venir. Me informaron que durante el almuerzo hubo una discusión en la que se mencionó mi nombre.

Camila no pudo ocultar su sorpresa.

No esperaba que se hubiera enterado tan rápido.

—Prefiero llevar la fiesta en paz y no negar algo que casi toda el aula presenció. Disculpe, señor. La discusión se nos salió de las manos. No volverá a pasar.

—Claro que no. De eso ya me encargué. En este momento mi secretaria está hablando con el grupo azul para revocar el cargo de la coordinadora.

La respuesta de León fue directa, sin el menor tacto.

Camila frunció ligeramente el ceño.

—Pero, señor, en todo caso la responsabilidad sería de las dos. Tanto la alfa Luz como yo mencionamos su nombre.

Aquello no le parecía justo. La discusión había sido responsabilidad de ambas por no saber controlar la situación.

—¿Quiere que también le revoque el cargo, omega Camila? —preguntó León, dejando que parte de su molestia se reflejara en su voz.

Quería demostrarle que le importaba, pero sentía que, en lugar de acercarse a ella, estaba retrocediendo.

Camila sostuvo su mirada sin apartar los ojos.

—Si usted considera que mencionar su nombre en una discusión que no tenía relación con usted merece un castigo, entonces ese castigo debería aplicarse a las dos, no solo a una. No me gustan las preferencias cuando no existe una razón para hacerlas.

Sus palabras fueron firmes, aunque aquellos ojos color miel seguían teniendo el extraño poder de hacerla estremecer por dentro.

León maldijo su suerte.

Se suponía que aquella omega debía estar intentando agradarle como todas las demás, no regañándolo como si fuera su propia madre.

Y lo que más lo desesperaba era darse cuenta de que Camila no estaba fingiendo.

Su aroma dejaba claro que realmente estaba molesta.

Había cometido un grave error al creer que Camila era igual al resto.

Y el destino terminaría cobrándole esa equivocación a León Lison con un precio demasiado alto, uno que ni todo el dinero que poseía sería capaz de pagar.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP